Es importante entender que el foco está en el discurso. El discurso es autónomo en sí mismo: vale y tiene fuerza por peso propio y no está subordinado a nada más que a su propia lógica. El acting, aunque muy importante, siempre está subordinado al discurso, debe acompañarlo y reforzarlo necesariamente. Sin embargo el acting por sí sólo no es suficiente. El acting por sí mismo y sin o con poco contenido sólo tiene valor en modelos, payasos y gente de la farándula.
El acting como parte de la imagen sin duda es importante, pero básicamente para acompañar los pensamientos, las ideas y la manera lógica y psicológica en que se expresan. En el caso de una o un modelo es diferente: básicamente el “acting” es lo más importante porque la idea es venderse como un producto o mercancía: no importa lo que dice o piensa, sino el deseo que produce.
Es evidente que estamos asistiendo a una “modelización” de la política, en donde se ve a los políticos como un producto u objeto que se vende y se ofrece, como otro producto más dentro de un mercado. Esta lógica no escapa a otras: dentro de un mundo como el nuestro todo se vuelve una mercancía, incluso las personas. Sin embargo, esta “despolitización” o mercantilización de la política tiene sus límites. Si vemos los gobernantes hoy en día, excepto muy pocas excepciones todos han sido elegidos por su discurso, por la imagen que ellos mismos construyeron a través de sus palabras: desde Obama en EE.UU, hasta el auge de la derecha en Europa (donde el discurso neo liberal vaciado de contenido ya ha dejado de funcionar), hasta los líderes latinoamericanos (Chavez, Correa, Mujica, Krichner, Morales, por sólo nombrar algunos) han sido elegidos por su capacidad oratoria y por la calidad de sus discursos. El discurso trasciende a la persona e integra a todas las demás personas que se identifican con ese discurso, ya que han sido convencidas o persuadidas por el mismo.
Por qué es importante la oratoria y la retórica: Debemos hacer una aclaración fundamental. Es habitual que se confunda “oratoria” y “retórica”, y que el mismo término “oratoria” resulte confuso. Oratoria es el arte de expresarse bien, es una parte de un proceso mucho más complejo, interesante e importante y es sólo una parte de lo que es el cómo expresarse. Para saber expresarse hay que saber cómo razonar: es decir cómo expresar mis ideas a través de razonamientos que sean lógica y psicológicamente convincentes y persuasivos. Eso es la Retórica.
Es común que se ofrezcan cursos en donde se enseña a cómo expresarse. Usualmente las personas que dan estos cursos son personas que no se especializan en el lenguaje y por ignorancia o intención pasan por alto la cuestión más importante. Si una persona tiene algo para decir que no es pertinente ni convincente no importa mucho cómo lo diga ni que gestos use ni como se vista: seguirá siendo poco importante. Tal vez sea más agradable o un poco más interesante o muchas veces más ridículo, pero nunca va a ser importante eso que dice.
La retórica (que es lo que han estudiado todos los políticos famosos a lo largo de la historia) se divide en 4 partes que contemplan un todo:
- Inventio. Es encontrar qué decir: tanto las ideas cómo su paso a los razonamientos más adecuados. Contiene una parte lógica y una psicológica. También aquí se encuentran todas las técnicas y trucos para ganar una polémica.
- Dispositio: Se trata de cómo ordenar lo encontrado en un discurso para que el mismo sea convincente. También cómo volver receptivos a los que escuchan.
- Actio: Cómo expresar el discurso que se ha hecho. Es la parte del “acting”.
- Memoria: Técnicas para memorizar el discurso y muletillas.
La retórica (y oratoria) no se basa en la verdad, sino en la verosimilitud: esto atañe practicamente a todas las cuestiones de la vida. No es una manera de actuar, es un entrenamiento para pensar mediante razones que resulten convincentes y persuasivas.